Smartphones: Una adicción que cuesta cara

Adicción smartphones

Desde que el ser humano ha vivido en sociedad ha tenido la necesidad de comunicarse. Esta necesidad, con el paso del tiempo ha evolucionado y hemos pasado de comunicarnos a través de carta o teléfonos a “smartphones”.

Es precisamente de estos aparatos, que en el último tiempo han revolucionado el mercado de la tecnología, que me gustaría hablar y es que, han mejorado nuestra calidad de vida ya que poseen una serie de ventajas que no solo nos permiten comunicarnos de manera rápida sino que también nos dan la posibilidad de hacerlo de distintas formas, ya sea la tradicional llamada de voz, fotos, videos, etc.

Sin embargo, estos aparatos tienen una serie de desventajas, dentro de éstas está la llamada “nomofobia” enfermedad que se refiere al miedo a estar sin el teléfono celular, el miedo a estar desconectado. También encontramos los altos precios que implica poseer uno de estos teléfonos. Con respecto a esto último, uno de los teléfonos más codiciados por las personas que cuentan con estos teléfonos inteligentes, son los iPhones y es así como la última versión de esta gama de teléfonos cuesta nada más ni nada menos que $869.990 y para un país en el cuál el sueldo mínimo es de $320.000 el hecho de que haya personas que estén dispuestas a pagar un monto tan alto por un aparato que, probablemente, cambiará dentro de 2 años, es preocupante.

En mi opinión, esta situación muestra nuevamente la gran desigualdad social que tenemos en Chile y a su vez, queda en evidencia que somos un país (incluso me atrevería a decir que somos un mundo) sumamente mal enfocado. ¿Realmente es necesario cambiar el celular cada dos años o menos? ¿Es necesario emplear nuestro dinero en un teléfono que se vende a más de 5 veces su costo de fabricación? Es necesario cambiar nuestro norte, porque mientras unos viven preocupados de tener el celular más moderno otros tienen que “estirar” su sueldo para llegar a fin de mes. Nos estamos haciendo cada vez más inhumanos, tenemos que dejar de preocuparnos por aparatos que alimentan nuestro ego con “likes” y empezar a preocuparnos por la persona que tenemos al lado.